Arte

Parque natural del Estrecho (y La Janda)

18/02/2019 Autor: Jose Arcas

    Fauna, luz, paisaje y viento. Con estas cuatro palabras podríamos definir este espacio natural de incalculable valor, a caballo entre la Península Ibérica y el continente africano. Reconocido internacionalmente como una de las mejores, si no la mejor, zona para la observación del paso migratorio de aves. Miles de cigüeñas, rapaces, paseriformes y otros muchos grupos de aves sobrevuelan este paraje sorteando no pocas dificultades para llegar a la otra orilla y completar así su periplo.

    Casi 19.000 hectáreas que en época propicia de migración se saturan de vida de modo que el naturalista, pintor o no, no sabe dónde mirar ni a qué punto dirigirse para no perderse este fenómeno de la naturaleza sólo comparable con las grandes migraciones de mamíferos africanos.

    Además, el parque natural ofrece entretenimiento no sólo para el ornitólogo ansioso de aves en cantidades ingentes, sino que también satisface las ganas de los que disfrutan del mar y sus habitantes, pudiendo observar muy de cerca gran diversidad de mamíferos marinos, destacando entre ellos las Orcas. Como colofón a la visita, no falta un asomo a La Janda.

     

    En el sur de la Península Ibérica de encuentra el Parque Natural del Estrecho, concretamente en la provincia de Cádiz repartiéndose las escasas 19. 000 hectáreas entre los municipios de Tarifa y Algeciras. No es una zona muy abrupta, de hecho la cota más elevada ronda los 600 metros.

    A lo largo del espacio natural hay numerosos puntos de observación, aunque por mi experiencia compensa más estar en continuo movimiento haciendo cortas estancias entre observatorios, de hecho, muchos de los grandes bandos de milanos y cigüeñas que pude observar los detecté mientras me desplazaba de un lugar a otro. Las esperas son aconsejables pero a lo mejor para visitantes como yo, que vamos con el tiempo muy racionado, creo que lo más adecuado es moverse.

    Garcillas y ganado autóctono, una combinación muy apetecible para pintar.

    Es sin duda alguna un espacio natural de gran belleza y cualquier época del año es buena para visitarlo, sin embargo el verano es la mejor parte del año para hacerlo ya que se concentran los pasos migratorios más espectaculares de aves y mamíferos marinos. Lo malo es que también es la época en la que miles de turistas se acercan a la zona.

    Tal y como menciona mi compañero Alfonso Polvorinos en nuestra sección de Espacios Naturales, en el reportaje dedicado precisamente al Estrecho, las mejores horas para movernos son entre las 10 de la mañana y las 6 de la tarde, puesto que las aves aprovechan las corrientes de aire caliente para coger altura y cruzar el mar.

    A este espacio natural se accede por la nacional N-340 bien desde Cádiz o desde Algeciras, siendo esta carretera la columna vertebral del espacio y a lo largo de la cual se disponen los diferentes puntos de observación.

    En nuestra sección de El Ecoturista “Espacios Naturales” dedicada al Estrecho podéis ver toda la información detallada de este parque.

    Apunte de milanos negros sobrevolando el Alto de Bolonia.

    Aunque el objetivo principal sea observar (y pintar) los espectaculares bandos de aves en migración, debo decir que cualquier paseo que nos demos por la zona nos va a cundir como ninguno, ya que donde pongamos la vista habrá algo que dibujar y pintar. Sin irme demasiado lejos de donde me alojaba, podía ver campos y campos con apacibles vacas pastando acompañadas de pequeños grupos de garcillas, que aprovechando los insectos que escapaban a los pisotones del ganado, iban llenando sus buches.

    Siguiendo las recomendaciones de los expertos, me dediqué a recorrer la zona de oeste a este, tal y como hacen la mayor parte de las aves cuando llegan al parque para cruzarlo en esa dirección. Así, ataviado con todos los bártulos de pintura, me dirigí al amanecer hacia el oeste, en busca del observatorio del Alto de Bolonia. Para llegar allí basta con seguir la carretera nacional N-340 dirección Vejer de la Frontera y al llegar a San José del Valle, en el cruce, giramos en dirección a la playa de Bolonia, por la comarcal CA-8202. No hay pérdida porque está bien señalizado. La verdad es que los primeros bandos de aves se hicieron de rogar y el primer grupo más o menos grande de milanos negros apareció por el lejano oeste como una especie de remolino en el aire que se acercaba cada vez más. Dibujar milanos en vuelo es complicado pero divertido debido a las posturas que estas aves adoptan durante su vuelo, que es pausado y juguetón. Doblan constantemente las alas y la cola, las retuercen como si estuviesen poniendo a prueba la elasticidad de estas estructuras de vuelo y por si fuera poco hacen giros erráticos de vez en cuando, me imagino que al detectar alguna presa en tierra firme.

    La mañana no dio para mucho más, eso sí, aproveché y me acerqué a la duna de Bolonia, para ver in situ semejante joya geológica y, de paso, tomar algún que otro apunte en mi cuaderno.

    Un apunte rápido de la playa de bolonia, con la duna al fondo.

    El tiempo restante que pasé en este paraje de singular belleza, lo disfruté visitando varios de los observatorios, entre ellos el observatorio de la Peña. El paso estaba bastante flojo y se veía algún bando nutrido de cigüeñas a lo lejos, arremolinándose y cogiendo altura para dar el salto final. Pude observar bandos más o menos numerosos de abejarucos, que se posaban en los cables a descansar. Pude ver otros paseriformes como collalbas, papamoscas grises, golondrinas y aviones en cantidades importantes, alimentándose frenéticamente para conseguir la energía suficiente para irse a la orilla africana.

    Apuntes de Papamoscas Gris, Muscicapa striata
    Apunte de Collalba rubia, Oenanthe hispanica, paseriformes muy abundante durante el paso migratorio otoñal.

    Toda la franja litoral que abarca este parque está lleno de puntos de observación donde se pueden observar infinidad de especies de aves y en mucha cantidad, sólo hay que parar el coche y caminar un rato.

    Tampoco debemos olvidarnos de los mamíferos marinos y en el puerto de Tarifa existen varias empresas que se dedican a llevar a la gente a ver estos animales. El atractivo principal son las orcas que en esta época del año cruzan el estrecho y durante su migración se alimentan de los atunes.

    Grupo de Calderones, Globicephala melas, en El Estrecho en agosto.

    Es curioso ver cómo los pescadores que se encuentran concentrados en determinadas zonas, de alguna forma avisan a los barcos de turistas sobre la presencia o no de los preciados cetáceos. También otra suerte de mamíferos como cifios, delfines y calderones completan la visita del turista.

     

    Un asomo a La Janda

    Cuando uno va  a pintar, sea a donde sea, siempre hay que tener un plan B, por lo que pueda pasar, debemos guardar un as en la manga. En este caso y viendo que el paso migratorio estaba parado, decidí acercarme a la zona conocida como La Janda, un lugar ocupado antaño por la laguna de interior más extensa de España (50 kilómetros cuadrados de un sólo humedal), que se dice pronto, hoy en día totalmente desecada para uso agrícola.

    Para llegar allí desde Tarifa seguí la carretera N-340 dirección Cádiz., es decir, hacia el oeste, dejando atrás los límites del parque natural del Estrecho. Más adelante, a unos 5 kilómetros pasado Tahivilla, hay un cruce, cogemos hacia la derecha y nos metemos en una pista de tierra (coordenadas Lat. 36.221195º y Long. -5.870981).

    Es una pista de unos 15 kilómetros que atraviesa arrozales y campos de labranza, el coche nos hará de hide portátil, así que conviene tener todo  a mano para no tener que bajarnos del vehículo a coger nada y espantar con ello todo lo que haya cerca.

    Grupo de cigüeñas blancas en La Janda. Foto: Jose Arcas

    Esta ruta no tiene desperdicio. Desde que entras en ella hasta que acabas, en Benalup-Casas Viejas, no dejas de ver todo tipo de aves. Cigüeñas, moritos, cigüeñuelas, canasteras, garcillas bueyeras, garcetas, garzas reales e imperiales y lo que más me llamó la atención, miles de libélulas calentando motores con los primeros rayos de sol de la mañana, posadas en las puntas de los carrizos, parecía que formaban parte de un atrezzo. El lugar me dejó sin palabras, pero lo mejor estaba por llegar.

    Apuntes de Cigüeña blanca, Ciconia ciconia.

    Hay un espectáculo natural digno de ver en esta zona, aparte de lo que se puede observar en él ya de por sí y es un dormidero de ardeidas que se encuentra a lo largo de una pista de tierra que bordea uno de los canales que se nutren del río Barbate. Varios kilómetros de vegetación densa, mezcla de tarajes, carrizos y diversa vegetación ribereña, hacen de refugio nocturno para cientos de garcillas bueyeras, cangrejeras, martinetes y moritos. Si llegamos a la zona un poco antes del amanecer, tendremos el espectáculo asegurado y en primera fila. En poco más de una hora estaremos rodeados de aves por todas partes, sumergidos además en un griterío ensordecedor producido por la necesidad de defender una rama donde posarse y pasar la noche.

    Dormidero de ardeidas en La Janda.

    Son muchas sensaciones que experimentamos a la vez, el griterío, la luz espectacular del atardecer, el olor a guano que se te mete hasta lo más profundo de las pituitarias, todo mezclado, mientras pensamos que no hace demasiado,  había una laguna donde fácilmente se congregaban cien o quizá mil veces más aves de las que podemos contemplar hoy día.

     

    Sé que en la actualidad hay mucha gente movilizándose para la recuperación de este humedal y creo que no lo tienen fácil. Yo sólo deseo que lo consigan algún día, porque pensar que allí pudiese haber para el disfrute de todos unas 5.000 hectáreas repletas de vida ya me pone nervioso pensando en el número de cuadernos de campo que tendría que comprar para llenarlos con todo lo que podría encontrarme allí.

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