Arte

Parque natural Delta del Ebro (I)

16/05/2018 Autor: Jose Arcas

    Situado en la provincia de Tarragona, el Delta del Ebro constituye con sus poco más de 7.700 hectáreas, uno de los humedales más importantes de la zona mediterránea. Su variedad de ambientes multiplica también la diversidad de especies, no sólo de aves, sino de plantas, invertebrados y peces. Así, arrozales, lagunas, salinas, carrizales y bosques de ribera dan cobijo a unas 300 especies de aves. La confluencia de aguas continentales y el mar amplía el abanico de especies de peces a cerca de 50.

    Es el lugar idóneo para perderse y pintar sin parar, las oportunidades van a ser muchas y muy variadas, desde anátidas (cerca del 90% de las invernantes de Cataluña pasan el invierno aquí), hasta gaviotas, pasando por limíciolas, ardeidas y un largo etcétera de paseriformes. Un total de 270.000 aves pasan aquí el invierno según las cifras arrojadas de los últimos censos.

     

    Este primera parte la dedicaré a aquellas zonas que me parecieron más interesantes para pintar y que se localizan al sur del río Ebro, donde se encuentran localidades tan interesantes como Sant Carles de la Rápita, Poblenou del Delta y Sant Jaume d´Enveja.

    Este humedal se puede visitar tranquilamente en un fin de semana, pero para no andar corriendo de un lado para otro como pollos sin cabeza, lo mejor es centrarnos en aquellos puntos más interesantes para pintar. Depende de cada uno y de su forma de pintar del natural como pueda repartir su tiempo disponible pero yo, por ejemplo y teniendo en cuenta mi forma de trabajo (apuntes rápidos y fotografías para no perder detalles con mi mala memoria), iría a los puntos recomendados por el parque, haciendo paradas, por qué no, en aquellos puntos del camino donde surjan motivos interesantes.

    El Delta del Ebro es una especie de laberinto y por experiencia sé que debemos ceñirnos a las pistas señalizadas y recomendadas por el parque ya que intentar explorar caminos que creemos que nos van a conducir a un sitio mejor para pintar esta o aquella especie sólo nos hará perder el tiempo, ya que muchos de esos caminos locales son callejones sin salida o simplemente no llevan a ninguna parte.

    Otro consejo, debido al diseño laberíntico de este humedal, es más que recomendable llenar el depósito de combustible antes de adentrarnos en él ya que la emoción del bicherío, de querer verlo y pintarlo todo, hará que perdamos la noción del kilometraje recorrido y puede darnos algo más que un susto.

    Si hay posibilidades de poder visitar el delta varias veces, por ejemplo personas que viven cerca o que simplemente piensan volver pronto, yo sugiero dividir el parque en dos mitades más o menos simétricas tomado como eje central horizontal el río Ebro. En esta primera aproximación a la pintura de este fantástico lugar, pasearemos por la mitad sur, centrándome en los puntos que a mí más me llamaron la atención.

    Como siempre, agua fresca, pinceles, acuarelas, lápiz y cuaderno de campo son los compañeros de viaje imprescindibles; ah! Visera y crema de protección solar, más que recomendables, obligatorios.

    Observatorio circular Pont del Través.

    Cuando visité este precioso humedal, allá por el mes de marzo, yo venía de la zona de levante, concretamente de Morella, la ciudad fortificada castellonense, a la que dedicaremos otro capítulo. La visita al delta era bastante tentadora ya qu  escasos 90 minutos separan ambas localidades y gran parte del trayecto se hace por vía rápida.

    Así, llegué al delta por la carretera nacional 340, primero atravesando Sant Carles de la Rápita y posteriormente enlazando con la carretera de Poblenou del Delta, una carretera asfaltada que empieza donde acaba Sant Jaume, junto al puerto deportivo. Esta carretera nos lleva directamente al pueblo pero antes podemos hacer alguna que otra parada para ir haciendo boca.

    Debo decir en mi contra que la época escogida para ir a este inmenso humedal no era la mejor. Marzo, ornitológicamente hablando, es mes de nadie, pues todavía no han llegado todos los que tienen que llegar y sí se han marchado la mayoría de los que se tenían que marchar con lo que el resultado es un mes un tanto insulso. Además, los arrozales están secos. Pero bueno, es el delta del Ebro, aunque la presencia de aves sea baja, para mí es más que suficiente.

    Una vez en Poblenou del Delta, pueblo no muy grande pero con una gran oferta gastronómica, dirigimos nuestro morro hacia el norte, el asunto es llegar a la zona de la Encañizada, una gran zona encharcada donde se concentra gran cantidad de aves y, además es donde se encuentra uno de las centros de información del parque.

    Dejamos el pueblo atrás y empezamos a circular por una pista de tierra que denominan Camí del Través (también he leído en algún lugar que lo denominan el camino Jacobeo del Ebro), donde ya haremos nuestra primera parada, concretamente en el observatorio habilitado para la observación de aves el Pont del Través.

    Observatorio circular del Pont dle Través, muy cerca de Poblenou.

    Aquí podemos tranquilamente pintar tanto paisaje como aves y además de una forma muy cómoda, sentados en el observatorio y a la sombra. Desde este observatorio elevado dominamos las dos mitades en las que quedan divididas las Encañizadas. Allí mismo tenemos decenas de flamencos (Phoenicopterus ruber) que podremos retratar si problema ya que muchos de ellos se encuentran descansando o limpiándose. La vida bulle en estos humedales, cientos de patos (recordemos que más de 120.000 pasan aquí el invierno), limícolas, larolimícolas, gaviotas, fochas comunes (Fulica atra) que aquí llaman fotja y gallinetas comunes (Gallinula chloropus).

    Dibujos en el observatorio del Pont del Través.

    Dejamos el observatorio y seguimos el camino de tierra en dirección al centro de interpretación Casa de Fusta, a un kilómetro escaso.

    A todo esto, debemos ir atentos durante todo el camino ya que aquí las sorpresas pueden aparecer en cualquier momento.

    En el centro de información, aparte de vendernos los souvenirs típicos, nos orientarán perfectamente sobre todas nuestras dudas, sobre dónde podemos tener las mejores observaciones de flamencos, qué rutas podemos hacer, cuales son a pie, cuales andando… Desde este edificio parten varias rutas hacia otros observatorios de aves y que podemos hacer andando o en bicicleta (si no llevamos, nos pueden alquilar una).

    Centro de Visitantes Casa Fusta

    Junto al centro de información hay un observatorio elevado (en frente a la derecha) desde el que podemos ver las aves que se encuentran en las encañizadas y que a lo mejor nos quedaban un poco alejadas del observatorio anterior.

    Observatorio elevado

    Si hemos empezado nuestra excursión por el delta temprano, al amanecer, pues quizá sea la hora del almuerzo. Al lado del centro de información del parque hay un restaurante donde podemos saciar nuestro apetito con algo rápido o incluso comer, depende de lo tarde que se nos haya hecho. En mi caso, tomé un almuerzo a media mañana en el restaurante que hay al lado del centro de información y dejé la comida para otro restaurante de Poblenou del Delta.

    Área de descanso y restaurante.

    Un consejo para los más sensibles; si queréis degustar la comida tradicional del delta, recordad que el ingrediente principal es el arroz y que puede que lo acompañen el ánade real, la focha y la polla de agua, con varios crustáceos de la zona. Exquisito, por cierto.

    Los arroces del Delta son excelentes.

    La siguiente zona que visité, por recomendación del personal del parque fue La Tancada, una zona inundada, más pequeña que las Encañizadas pero igualmente interesante. Se trata de unas antiguas salinas restauradas y con un aspecto muy atractivo, para las aves y para los ornitólogos.

    Centro de visitantes de La Tancada

    Hay un aparcamiento pequeño desde el que se accede al centro de visitantes por una pequeña pasarela que cruza un canal. Desde el mismo aparcamiento podemos observar limícolas en los canales que abastecían de agua las balsas de  las salinas así como fochas, pollas de agua (gallinetas), algún flamenco, etc. A esta antesala de lo que es el complejo salinero, el acceso es libre, de hecho puedes entrar en la casa, donde puedes comprar desde un peluche de flamenco hasta arroz de la zona. Sin embargo, para acceder al resto del complejo es necesario pagar.

    Dos lugares imprescindibles en esta parte sur del parque, además de los que ya os he mencionado son; la Barra del Trabucador y la desembocadura del Ebro. Al primero de ellos se accede pasando La Tancada, a través de una pista de arena de playa compactada y dura con bastante tráfico de coches y autocaravanas y por la que podemos seguir hasta que muere en la playa.

    Salinas.
    De camino a la barra del Trabucador se divisa la montaña de sal al fondo.

    Podemos dejar el coche aparcado, orillado en cualquier punto a lo largo de esta pista de arena, pero cuidado que a más de uno ha tenido que ir la grúa a sacarlo de la arena. Al final de la pista hay una especie de aparcamiento donde podemos dejar también el coche, si tenemos sitio, claro.

    Gaviota de Audouin

    En este punto, justo donde se termina la pista de arena y hay una barrera que alerta de la prohibición de continuar, podemos retratar las impresionantes gaviotas de Audouin (Larus audouinii), una joya ornitológica relegada al Mediterráneo y que nos dará mucho juego con sus colores. Si tenemos la suerte de verla en las salinas puede que nos permita pintar esos reflejos rosados de la sal en su níveo plumaje, a parte de su plumaje grisáceo y ese pico rojo coral. Atentos también a las gaviotas picofinas (Chroicocephalus genei), pequeñas y gráciles que también pueden dar mucho juego de reflejos de la sal.

    La barra del Trabucador es un buen lugar para pintar limícolas.

    Para los paisajistas, las salinas son un lugar espectacular para pintar con acuarelas, las balsas de evaporación parecen en sí mismas cajas de acuarelas con colores diferentes en cada balsa, como si se tratase de los godets de colores.

    Caminando un poco por la barra de arena hacia la montaña de sal que se ve al fondo, unos veinte minutos, llegamos a un observatorio elevado desde el que tendremos una visión estupenda de las salinas a un lado y del mar Mediterráneo al otro.

    En nuestro retorno debemos poner atención en las orillas de la carretera pues es el lugar de cría del Chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus) y nunca está de más hacer unos apuntillos de esta preciosa e inquieta limícola.

    Y ya para acabar este reportaje sobre mi primera visita al Delta del Ebro, pues colocarle la guinda al pastel con un entretenido paseo en barco por el río hasta su desembocadura en el mar. Para coger uno de los barcos que ofrecen las diferentes compañías que hacen este tipo de travesías, debemos ir al norte, cruzar el río Ebro y movernos hacia Riumar, una urbanización enorme que se encuentra al final de la desembocadura. Desde donde estábamos, en la barra de arena nos dirigimos dirección Sant Jaume d´Enveja, cruzamos el río a Deltebre y de allí a Riumar, donde cogeremos el barco.

    Pintando en el Delta del Ebro.
    Gaviotas de Audouin.

    El paseo en barco dura casi una hora y durante todo el trayecto van comentando casi todo lo que se ve desde el barco a través de megafonía, lo que a mí particularmente me sobra. Para los que viajáis con perro, que sepáis que no permiten la entrada de estos animalillos en el barco. Es bueno tenerlo en cuenta si vais solos con vuestra mascota y no tenéis con quien dejarla.

    El paseo en barco está bien para poder visitar la desembocadura desde el río, una forma distinta de verla y además podéis ver especies interesantes (dependiendo de la época del año) como gaviotas picofinas, flamencos, águila pescadora, diferentes especies de limícolas y un largo etcétera. No es muy buen lugar para dibujar, a menos que queramos tomar algún apunte rápido pues el barco no se detiene en ningún momento del trayecto y va a bastante rápido.

    Después del paseo en la embarcación podemos acercarnos hasta El Garxal, donde se termina la desembocadura. Allí hay una torreta que hace de mirador desde el cual se puede ver la isla de Buda y la de Sant Antoni enfrente.

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