Experiencias

Al encuentro del Lince ibérico en Doñana

03/05/2017 Autor: Alfonso Polvorinos
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Situación

Huelva

Accesos

A El Rocío se llega por la A-49 autovía Sevilla-Huelva, desvío Almonte y Matalascañas por la A-483.

Highlights

Lince ibérico, águila imperial, ciervo, gamo, ardeidas, flamencos.

Cuando

Invierno y verano son las épocas con mayor probabilidad de éxito en el avistamiento de lince en Doñana.

Consejos

Contratar los servicios de una empresa local experta, buena conocedora de las mejores zonas para observación y la etología del lince. En nuestro caso fuimos acompañados por Doñana Nature, que por otra parte es la única empresa autorizada para hacer la ruta norte de Doñana (Coto del Rey).

Todavía es casi de noche en El Rocío. El alba pronto nos sorprenderá, pero lo hará ya metidos en el 4×4, a salvo de los rigores de una fresca mañana a pesar de estar en verano.Vamos a realizar un safari fotográfico en la zona norte del parque nacional Doñana, por donde se mueven algunos de los linces ibéricos que moran estos parajes andaluces.

En Doñana vive la segunda población del felino más amenazado del planeta. La primera está algo más al norte, también en tierras andaluzas, en las estribaciones meridionales de Sierra Morena, dentro de los parques naturales de la Sierra de Andújar (Jaén) y de la Sierra de Cardeña-Montoro (Córdoba). En 2013 la estimación total de linces ibéricos era de 332, una franca mejoría respecto a los apenas 94 ejemplares de diez años atrás (2002) pero sin duda distante de los fabulosos resultados del año pasado en el censo de IberLince, que para 2016 ofrece unas cifras de 475 linces ibéricos, con sus principales poblaciones en Andújar-Cardeña (197 linces) y Doñana-Aljarafe (72 individuos). Fantásticas noticias para el gato clavo!!

En esta ocasión estoy en Doñana, moviéndome por los cotos, ese ecosistema de pinos y acebuches con suelo arenoso donde crece sobre todo el lentisco. Es el medio natural del lince, que se mueve también por la vera, el ecosistema de transición entre el bosque (coto) y la marisma. No sería raro toparse con algún lince campando por la vera, enclave predilecto por otra parte para ciervos y gamos.

Alcornoque del Camello, en la Vera de Doñana.

Pero esto de buscar y encontrar al lince, tiene mucho de experiencia (la del guía rastreador) para conocer por dónde se mueve el felino según la época del año y su ciclo biológico, en qué momento del día, etc. y tiene mucho más si cabe de fortuna, pues la probabilidad de dar con él es baja.

Quedan muy pocos, lo que hace que el éxito de avistamiento en el safari de linces gire en torno al 20-30% en esta época y eso gracias al movimiento de los cachorros, que son más inquietos y delatan su presencia dejándose ver más. El porcentaje sube un poco en época de celo (hasta 30-40% en invierno) y se desploma en el resto del año. Nadie ha dicho que sea un animal fácil de observar, ni mucho menos, pero no estoy en mal sitio y con la recuperación de la población local de lince quizá esos porcentajes se eleven ligeramente…

Sorpresa matutina, Dardo en buena compañía.

Al cruzar el puente del Ajolí, entrada noroeste al parque nacional, los nervios ponen al cuerpo en tensión. A pesar de su proximidad al pueblo de El Rocío, es uno de los enclaves en los que más veces ha sido visto y fotografiado. La razón se debe en buena medida a la abundancia de su alimento preferido: el conejo. Preferido hasta el punto de que hablamos de una dieta tan especializada (supone más del 90% de la biomasa que ingiere el felino) que podemos afirmar con rotundidad que si no hay conejos, no hay linces.

Nuestras sensaciones se tornan ciertas y el corazón se acelera cuando a apenas 50 metros del puente, sobre la arena todavía húmeda por el rocío de la mañana, encontramos el rastro de una hembra y un cachorro. Son huellas frescas, muy frescas; seguramente cuestión de minutos.

Comenzamos a seguir el rastro pero éste se interna entre los lentiscos. Los conejos corren a esconderse a nuestro paso. Una vez perdidas las huellas entre los arbustos, comenzamos a buscar la aguja en el pajar. Con el 4×4 recorremos las pistas del entorno sin fortuna. Un par de jabalíes, algún ciervo, bastantes aves…

El conejo supone el principal alimento del lince.

Hace rato que ha salido el sol y éste comienza a calentar. Las primeras y últimas horas del día son los momentos más factibles para el gran encuentro pues el lince, como el resto de felinos, se muestra más activo. También les gusta en verano tumbarse en los márgenes de los caminos, ya que la arena les proporciona algo más de frescor. Con el calor pasan el día cobijados entre la vegetación, como maestros del camuflaje.

Sin suerte, es hora de continuar el safari hacia la vera por el camino principal de Sevilla a El Rocío. Con el linde del Coto del Rey a la izquierda y con el paraje de La Dehesilla a la derecha, llegamos a la entrada a El Vicioso, otro buen lugar para posibles encuentros con el amenazado felino.

Linces en la zona norte de Doñana.
Coto, hábitat predilecto del lince en Doñana.
Primer encuentro con Dardo.
Narciso.

Bajo un cielo repleto de milanos negros, enseguida salimos a la vera del Aulagar. Quizá hoy sea uno de esos raros días en los que el lince se adentra por estos terrenos abiertos en busca de alguna cría de gamo o de ciervo. Estos pequeños cérvidos, en caso de necesidad, pueden ser presa del lince (representa un 3% de su dieta).

Ciervos en la vera camino del coto.

El otro alimento ocasional, alrededor de un 7%, son las anátidas, generalmente cuando estas aves se alejan de la marisma a lagunas más someras buscando protección durante el momento crítico del periodo de mancada (cambio de pluma). Con esa idea vamos también hacia la cancela de la Escupidera, en la marisma Gallega. Nada.

A primeros de julio esta parte de la marisma Gallega está seca, así que continuamos hacia el Caño del Guadiamar, donde nos topamos con un grupito de flamencos y seguimos hasta el lucio Cerrado Garrido, lugar en el que se levanta el Centro de Visitantes José Antonio Valverde. Los lucios son lagunas que permanecen encharcadas durante más tiempo que el resto de la marisma. La mañana es el mejor momento para la visita de este lugar pues el sol incide directamente sobre la colonia de ardeidas que hemos venido a ver. Se trata de una ajetreada colonia, con un incesante ir y venir de adultos, en la que es posible ver garcilla bueyera, garceta común, martinetes, etc.

Al regreso, cuando el sol ya está en lo alto, detenemos el vehículo en la larga recta de la marisma Gallega. Una silueta ha llamado nuestra atención. Allí, sobre uno de los postes del camino, se encuentra posada un águila imperial ibérica, otra de las joyas de la corona de la fauna española. Levanta el vuelo.

Es un damero que se dirige hacia nuestra posición, ganando altura progresivamente y cruza el camino hacia otro enclave en el que nos descubre, más alejada, una nueva silueta. En esta ocasión se trata de un adulto. Así es Doñana, un enclave natural sobresaliente que siempre depara grandes momentos en la naturaleza.

Damero de águila imperial ibérica.

Y así es el lince ibérico, escaso, esquivo, muy difícil de ver pero que hace que una y otra vez venga a estas tierras con la ilusión de un nuevo avistamiento.

Esta salida de safari fotográfico la realicé a mediados de julio de 2014 y como he tratado de describir, no tuvimos fortuna con el lince. Tampoco en las siguientes salidas en fechas posteriores. Sólo la magia del momento y la huella de su presencia. Así es este precioso animal.

El pasado mes de marzo (2017) me acerqué de nuevo a Doñana acompañando a un grupo de WWF Holanda con Ecowildlife Travel en busca de ese avistamiento deseado, ese momento intenso, fugaz, inolvidable, de contemplar la bella estampa del felino. Y ocurrió. Fue en los últimos compases de la tarde, estirando la luz, cuando ya estábamos a punto de concluir el safari con nuestro guía local José Manuel Bernal (Doñana Nature). Apareció Dardo, un macho emblemático de Doñana, de 11 años de edad; precioso animal. Estaba tras una valla al acecho (su técnica de caza) de un conejo del que apenas le separaban 5-6 metros de terreno abierto.

Ante la imposibilidad de emboscarse, el conejo advirtió su presencia y huyó, pero esa noche era luna llena, uno de los momentos predilectos para la caza… A la mañana siguiente en la misma zona encontramos de nuevo a Dardo, bien acompañado por una bella lincesa (probablemente Guadalquivir). No paraban de lamerse y asearse las manos, señal inequívoca de que habían cazado en la complicidad de la luna llena… Y a este último safari corresponden las imágenes que ilustran el reportaje. Magnífico momento, inolvidable experiencia con la fauna ibérica.

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