Seimeira de Vilagocende, la cascada más alta de Galicia
A esta vertiginosa caída de agua se llega en cómodo paseo de forma muy accesible pero, en pocos lugares como este, menos es más. Es la Seimeira de Vilagocende, en A Fonsagrada (Lugo), y es la más alta de Galicia. Absolutamente espectacular.
A menos de diez minutos en coche desde el centro de A Fonsagrada, una carretera local (LU-721) se adentra por el valle para dejarnos a un paso de la sorprendente cascada de Vilagocende. Un pequeño aparcamiento a la izquierda de la carretera marca el punto de partida para el camino a pie hasta la base del imponente salto de agua de casi 60 metros de altura.
Se trata de un recorrido de 1,2 kilómetro de distancia por cómoda pista forestal en ligero descenso hasta el poste de madera que indica que estamos a punto de ser cautivados por uno de los micropaisajes de la Red de Micropaisajes del concello de A Fonsagrada. Una red que supone un acertado acercamiento al territorio, otra manera de conocer los enclaves más sugerentes y atractivos de este municipio lucense.
A partir de este punto, el paisaje abandona la compañía del joven pinar que nos ha acompañado hasta aquí y se adentra un centenar de metros por sendero entre el bosque de ribera hasta las inmediaciones de la seimeira. El firme se hace más estrecho. También algo más resbaladizo debido a la influencia inmediata de la caída de agua, pero se recorre sin problema gracias a la barandilla de madera. Junto al río da Porteliña, protagonista fluvial del mayor salto de agua gallego, el terreno se vuelve de nuevo horizontal. El ambiente es más húmedo (siempre recomendable algo de abrigo) aunque si el día está soleado y la excursión la realizas por la mañana, cuando el sol alumbra este privilegiado rincón acuático, la temperatura es agradable.
Un sendero inmerso en el bosque se abre paso entre helechos, musgos y hepáticas para cambiar de orilla y obtener una nueva perspectiva. En la nueva orilla, un mirador a media ladera gana algo de altura para ver el salto. La plasticidad de la cascada es sublime se mire por donde se mires (y desde donde se mire). Sus 58 metros cobran aún más fuerza, a pesar de que la verticalidad de la roca por la que se despeña esconde un pequeño salto superior que solo es visible en un determinado punto desde la pista de acceso por la que hemos venido. Es momento de aparcar aún más la prisa, de disfrutar con calma del paraje. De fundirte con el entorno. Te costará ver el momento de regresar y ésa es la mejor señal de que todo fluye como ha de fluir: el cuerpo, tu mente, la relajación y la armonía. Todo fluye como el propio río da Porteliña, uno de los muchos cursos de agua que se descuelgan por estas sinuosas laderas para rendir tributo, un poco más adelante, al río Navia.