La Cova de s’Aigua. Menorca subterránea
Hubo un tiempo en que todo lo que hoy se visita cómodamente en esta cueva estaba bajo el mar. De eso hace ya mucho, entre 25-5 millones de años, pero actualmente puedes disfrutar de esta belleza subterránea en las entrañas de la Menorca blanca y conocer otra cara de la isla.
Geológicamente hablando hay varias Menorcas: la “Menorca oscura”, la “Menorca roja”, la “Menorca gris” y la “Menorca blanca”. Las tres primeras se localizan en la mitad norte de la isla, en la Tramuntana y la segunda, la más representativa, en la mitad sur, la llamada zona del Migjorn.
En 400 millones de años de historia geológica, la naturaleza ha sido especialmente generosa en la isla menorquina. La zona norte presenta relieves suaves, de rocas fracturadas y plegadas y llamativos colores que van desde el negro hasta el rojo o el amarillo. Es la más antigua y está compuesta por conglomerados, arcillas, areniscas y calizas. En el sur, por su parte, se lleva el blanco que proporciona la roca calcárea denominada marés. En esta plataforma meridional casi horizontal dominan los acantilados, los barrancos por los que corren ríos y las playas de fina arena blanca. Gracias a esta geodiversidad, existen varios Lugares de Interés Geológico en la Reserva de la Biosfera de Menorca.
La Menorca blanca se moldea a base de procesos kársticos en los que el agua disuelve la roca y la va erosionando hasta crear diversas formas. Uno de los elementos más característicos son las cuevas. Una de estas cavidades ha sido acondicionada para la visita turística: la Cova de s’Aigua. La Cueva del Agua se sitúa al sur de Ciutadella, en la urbanización Cala Blanca.
No es la única cavidad existente en este queso gruyere subterráneo. Recientemente se ha descubierto otra anexa, también con agua, que tiene previsto en el futuro acondicionarse también para la visita turística, pero por el momento la única cueva visitable turísticamente es la Cova de s’Aigua. Se trata de una cueva natural de unos 2.500 metros cuadrados, no muy grande, pero llena de belleza e interés geológico y arqueológico. Solo se puede acceder mediante recorrido guiado e interpretado y dada su alta demanda, te recomendamos fervientemente reservar con tiempo. Los grupos, como la cueva, son pequeños, algo que siempre redunda en favor de la calidad de la visita. El recorrido son apenas 120 metros de pasarela, pero se emplean 45-60 minutos.
La plataforma miocena en la que se encuentra la cueva se formó hace 25-5 millones de años, tras bajar el nivel del mar y aflorar esta superficie llena de sedimentos compuestos por animales marinos. Una vez emergida, varios movimientos tectónicos fracturaron la plataforma solidificada y dieron lugar a las diaclasas. Desde entonces el agua de lluvia se filtra y recorre las diaclasas creando maravillosos paisajes subterráneos. Así se formó (y lo sigue haciendo) esta cueva.
La cueva está ligada a tiempos talayóticos, a conquistas inglesas y francesas, a tiempos modernos… cada uno dejó una huella que es interpretada durante la visita. No queremos hacer spoiler de lo que alberga la laguna interior, pero este lago salobre, alimentado por filtración de agua dulce pero que contacta con el cercano mar, es sin duda su punto fuerte. No el único, pero si el que más fotos concentra. Lejos de ser un plan B en caso de mal tiempo, te recomendamos programar una visita como uno de esos lugares que ver en tus vacaciones en Menorca. Entre estalactitas, estalagmitas, historias y leyendas, te sorprenderás con una de las partes más desconocidas de la Menorca blanca.