Experiencias

Los Tejos de Pagoeta

30/11/2021 Autor: Alfonso Polvorinos
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Situación

Guipúzcoa

A un paso de Zarautz (Gipuzkoa), la campiña vasca nos ofrece dentro del parque natural Pagoeta, un rincón único que alberga una de las mayores densidades de tejos del continente europeo. Una ruta circular permite adentrarse en este mundo en torno a uno de los árboles mitológicos por excelencia recorriendo una ladera boscosa con parajes de enorme interés.

Una ruta de 7 kilómetros permite recorrer esta senda dedicada a los tejos.
Inicio de la ruta en el aparcamiento de Aia.

Esta bella conífera de 10-20 metros de altura es una especie dioica, es decir, tiene sexos separados y presenta árboles macho y árboles hembra. Estos últimos son los que poseen las bolitas rojas (arilos) que crecen acompañando a las acículas. Esas bolitas no son otra cosa que el fruto que contiene semillas tóxicas para un buen número de especies animales, entre ellas el ser humano (menos para algunas aves forestales que las ingieren y favorecen su dispersión). Los arilos maduran a finales del verano o comienzos del otoño y las semillas no germinan hasta el segundo o tercer año.

El tejo posee una sustancia llamada taxina distribuida por toda la planta y que es igualmente tóxica. Es un árbol cargado de simbología para diferentes pueblos y culturas. Era un árbol místico y sagrado para cultos paganos precristianos y suele encontrarse junto a iglesias y cementerios. También fue un árbol venerado por los druidas por sus propiedades mágicas. Un árbol que sin duda tiene algo de distinto.

El tejo común (Taxus baccata) es el único representante de las Taxáceas (familia de árboles bien distribuida por Europa en el Jurásico) que queda en el continente. Desde hace siglos ha sido una planta diferente, un árbol muy longevo (llega a vivir 5.000 años) y de crecimiento lento. Es un corredor de fondo que sabe esperar el momento oportuno para acelerar su desarrollo en el seno de un bosque cerrado. Y ese momento oportuno no es otro que cuando algún árbol vecino cae y se abre un claro. Esa entrada de luz es la tecla que propicia el desarrollo del tejo. Y eso lo saben bien los responsables del proyecto LIFE BACCATA, que trabajan en varias zonas de la cordillera Cantábrica (Galicia, Castilla y León, y País Vasco) conservando y restaurando el hábitat prioritario del tejo, un árbol actualmente amenazado y en regresión. Actúan entre otras cosas, abriendo claros en algunas zonas del bosque que permitan a los tejos desarrollarse. Y no solo tejos, también plantas que suelen acompañarle como rusco, acebo y majuelo o espino albar.

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Tejo de Behorbarrote (declarado Árbol Singular en Guipúzcoa)

Desde el proyecto se facilita por tanto este proceso natural (el tejo puede vivir décadas a la sombra de un viejo árbol esperando que éste caiga) corrigiendo el efecto de plantaciones anteriores en la ladera de Laurgain, donde la Diputación Foral de Gipuzkoa compró 500 hectáreas para repoblar con coníferas (alerces, píceas) y frondosas (hayas) en esta ladera norte de Pagoeta. Esas repoblaciones se realizaron a partir del año 1956 en franjas alternas usando las tres especies mencionadas. Hoy se trabaja naturalizando el bosque y fomentando la recuperación del sotobosque de tejo.

Los arilos del Tejo.
Campiña sobre el mar Cantábrico.

Y por estos terrenos que son fusión verde y azul, fruto del apretón de manos hipnótico entre la campiña y el mar, se abre paso una ruta circular de 7 kilómetros de distancia (250 metros desnivel) y unas 2 horas y 30 minutos de duración que permite recorrer el precioso y valioso bosque de Pagoeta. Se trata del sendero local, señalizado como SL-Gi4003 “Pagoetako haginak”, que parte y concluye en la bella población de Aia (aparcamiento en el pueblo), a un paso de Zarautz, y que tuve ocasión de realizar en compañía de la empresa local BeSanSebastian. El primer tejo lo encontramos aproximadamente a los 20 minutos de caminata y a partir de ahí, cada vez nos vamos topando con más y más ejemplares. No son tejos milenarios, ni siquiera centenarios; se trata de árboles jóvenes pero cuya presencia en la zona es sumamente importante por la densidad. Una Tejeda singular en este sentido.

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Falla de Azkorteaitza.

Atravesando la Falla de Azkorteaitza

A lo largo del sendero se atraviesan un par de zonas especialmente interesantes. Una de estas zonas es la falla geológica de Azkorteaitza. Esta brecha caliza aparece de repente, en una zona húmeda colonizada por helechos, musgos y líquenes. Aparte de la belleza del enclave, que se cruza caminando por el fondo del corte entre imponentes paredes (imagen inferior 360 VR), llama la atención la ubicación de algunos tejos, que dejan claro que afianzar sus raíces en zonas donde el suelo escasea, o incluso entre fisuras rocosas, no es un impedimento para la especie. La falla de Azkorteaitza es una falla inversa o de cabalgamiento de forma que los materiales más antiguos están sobre otros más modernos. Las calizas arrecifales que ocupan actualmente las zonas altas de Pagoeta son rocas más antiguas que la sucesión margosa de las partes más bajas, lo que hace pensar que han sido desplazadas por la falla de Azkorteaitza.

Tejo de Behorbarrote, el abuelo del bosque

Más arriba de la falla, el sendero sale a terrenos más llanos dominados por los mencionados bosques de repoblación. Atravesamos zonas de píceas y alerces entre los que se ha “colado” el mayor de los tejos que crecen en Pagoeta. Se trata del Tejo de Behorbarrote (declarado Árbol Singular en Gipuzkoa). En esta provincia vasca el tejo es un árbol muy presente en escudos e incluso en la heráldica.

Tejo de Behorbarrote, el abuelo del bosque de Pagoeta.

El Tejo de Behorbarrote crece desde hace más de 200 años en este punto de la ladera de Laurgain. Cerca lo hace también hayas, abedules e incluso algún alerce y ciprés. Peleando cual púgil de más de 3,5 metros de perímetro de tronco, 17 metros de altura y casi 18 metros de diámetro de copa. Y en esto de pelear contra el paso del tiempo sabe que tiene ganada la pelea a sus compañeros de bosque.

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Nevero de Sagastizabal.
Bosque de píceas y alerces.

El hayedo de Elutsaundi

Antes de llegar al tejo pasaremos junto al Nevero de Sagastizabal, donde antaño se guardaba el hielo. Después del tejo de Behorbarrote se llega a otro encave curioso: el hayedo de Elutsaundi. Llama la atención el porte de las hayas. No se trata de árboles de grueso tronco sino de ejemplares que crecen rectos como mástiles de barco. Son hayas bravas, no trasmochadas y son importantes porque muestran la altura que puede alcanzar un hayedo de forma natural.

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En el hayedo de Elutsaundi los árboles alcanzan una altura sorprendente.
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El acebo, también presente, es una planta dioica como el tejo.

El hayedo de Elutsaundi es el punto de inflexión en el recorrido, el lugar que marca el regreso hacia Aia. Por el camino pasaremos junto al Caserío de Sagastizabal. Hoy este viejo edificio está rodeado de bosque y nada queda de las huertas, cultivos, prados y el enorme manzanal que daba sentido al modo de vida de sus propietarios y el nombre al edificio (manzanal amplio). Es un enclave de gran plasticidad que marca el inicio de la bajada más directa hacia Aia. La senda está en algunos tramos empedrada (para permitir antaño el paso de carruajes) y debido a la humedad hay que bajar con cuidado de no patinar en las resbaladizas rocas.

Caserío de Sagastizabal.

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