Hide Bebedero arbóreo Campanarios de Azaba, naturaleza mediterránea en doble sesión
Aves de día, mamíferos de noche; este escondite ubicado estratégicamente en la copa de un árbol, permite disfrutar de la naturaleza mediterránea presente en la salmantina Reserva Biológica de Campanarios de Azaba casi en sesión continua y desde una perspectiva poco habitual. Picogordos, pájaros carpinteros, trepadores azules, ginetas, garduñas… toda una suerte de variedad de especies fue desfilando por delante de nuestros atónitos ojos y no me resisto a compartirla con la mente aún puesta en este privilegiado rincón del Oeste Ibérico.
La Reserva Biológica de Campanarios de Azaba (Salamanca) cuenta con casi 600 hectáreas de pura naturaleza mediterránea, que se muestra generosa y en exclusiva para sus visitantes y huéspedes del lodge. La Reserva es Red Natura 2000 al encontrarse íntegramente englobada en el Lugar de Importancia Comunitario LIC-“Campo de Azaba”. En un umbrío rincón, un escondite de madera elevado 3 metros en la copa de un árbol, es cita garantizada con el frenesí faunístico de este bello rincón salmantino.
Una experiencia única desde la complicidad de este escondite arbóreo (“hide bebedero arbóreo” es como han bautizado este escondite fotográfico en la Reserva), con la luz natural de la mañana y la luz artificial que la posibilita en la noche prolongando el entretenimiento. Pero son espectáculos diferentes en sesiones distintas.
Un bebedero muy solicitado
Si lo que te interesa son las aves conviene madrugar, no solo por la actividad de los pajarillos -siempre mayor cuanto más pronto-, sino por la posible visita del pico menor al alba. El más pequeño de los pícidos ibéricos, cuando visita el hide, suele hacerlo el primero, antes de que lleguen otros competidores por el alimento. Su pariente el pico picapinos, que también se suele dejar ver por este rincón, es menos exigente en este sentido. Son las dos especies de pájaros carpinteros presentes en el enclave. Pero el bebedero es pródigo en animales alados pertenecientes a otro grupo de aves como los simpáticos (y bellos) paseriformes.
El picogordo, especie cotizada en esto de dejarse ver en los hides, estuvo especialmente activo la mañana de la sesión. Para asombro y regocijo nuestro, fueron varias parejas las que entraron y salieron del bebedero. En Campanarios no suele ser faltar a la cita, pero este caluroso día de finales de mayo, estuvieron especialmente generosos en esto de dejarse ver. ¡Qué pajarillo más bonito!
Petirrojo, carbonero común, herrerillo común, verderón común, pinzón vulgar, gorrión chillón, estornino negro, mirlo común o rabilargo europeo, son otras de las especies frecuentes en este bebedero en altura que acuden fieles a comer, a beber, a bañarse y a acicalar su plumaje. Solos, en pareja, en pequeños bandos. Su elevada ubicación permite además una visión diferente a otros hides de pajarillos. Otro punto a favor.
Pero sin ser consumados fotógrafos, nuestra satisfacción como observadores va mucho más allá de la mera captura del instante (instantes, porque realmente son abundantes), pues la paz que aquí se respira te envuelve irremediablemente, multiplicando por mucho las sensaciones.
Aquella mañana, entre pájaro y pájaro, en el escenario llamó nuestra atención también una mantis religiosa si bien no debería resultar así (lo de llamar la atención me refiero), pues la Reserva Biológica de Campanarios de Azaba es también la primera Reserva Entomológica declarada en España. Muy probablemente cautivó nuestra mirada porque estábamos con la mente centrada en especies con plumas, pero es lo bueno de dejarse envolver por una sesión que no dudamos en convertirla en inmersiva.
Cae la noche
Durante el día, la actividad de pequeños pájaros es incesante. Y comprobamos lo que ya sabíamos, no hacen falta especies singulares ni protagonistas de grandes avistamientos para disfrutar. ¡Qué agradecidas son las pequeñas aves para esto! Y qué gratificante es ver los colores azules y amarillos de un herrerillo a un palmo de distancia. Impensable de no ser por el cristal espía que nos deja fuera de su visión para gozo de la nuestra.
Y cuando cae la noche el espectáculo y la biodiversidad siguen. No cambia el escenario, simplemente entran en escena nuevos actores, los invitados al turno de noche. Ginetas y garduñas, habitantes nocturnos del bosque mediterráneo, son ahora el anhelado tesoro buscado por los ojos y las cámaras de los visitantes que aguardan en el interior del hide. Pero son sesiones diferentes. La de la mañana centrada en los simpáticos pajarillos y otras aves, y la nocturna por estos fotogénicos mamíferos.
Entre ambas sesiones realizamos una visita guiada por la finca en vehículo 4×4 y tuvimos tiempo de prolongar la relajación propiciada por la espera en el hide, en este caso en la piscina del fantástico lodge con un buen baño de agua y de sol.
Como ocurre en el caso del Hide del Muladar y otros escondites presentes en la Reserva, además de otras experiencias ecoturísticas, estas inolvidables vivencias en compañía de pajarillos y mamíferos nocturnos forman parte del «Proyecto corredor biológico Hispanoluso, cofinanciado por la Unión Europea a través del Programa Interreg VI-A España-Portugal (POCTEP) 2021-2027».